Vamos a la playa, oh, oh, oh

8 agosto, 2015
by wonderblog

Son las cuatro de la tarde, de un más que caluroso día de agosto. Por suerte -o  no- estamos pasando unos días en un pequeñito pueblo pesquero y el “caloret” nos persigue hasta en la sombra. Estamos a 40 grados. La verdad, es que no me extraña que Lucy Love insista en qué vayamos a la playa. A mi no me apetece nada. Ya hemos ido esta mañana. Y ayer. Y antes de ayer. Mi ilusión es que duerma una buena siesta y tener un ratito para mi; para leer, para escribir, para pintarme las uñas, para no hacer absolutamente nada…

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Así que  sigo engañándome, manteniendo la esperanza y desplegando toda clase de artimañas para conseguirlo: “vamos a descansar un poquito”, ” las siestas en verano son sagradas”, “ahora estará lleno de algas”, “acabamos de comer”… Al final opto por callarme y hacerme la dormida. Por un segundo creo que mi truco ha funcionado porque no se mueve, ni habla, ni me mete el dedo en el ojo -una y otra vez- para comprobar si lo estoy. Pero nada, resulta que la astuta -la que está jugando bien sus cartas- es ella; pues al poner un pie en el suelo sus manitas se agarran a mi cuello y me grita al oído: -“¿Ya vamos, mami, ya vamos?. En tres, dos y un segundo acabo claudicando. -“Si, mi amor, vamos a la playa”. Oh, oh, oh, oh. Ya os la podéis imaginar saltando como una loca en la cama.  Casi da una voltereta. Me da la risa y se me escapa un suspiro, pero de ternura. Es muy pesada, pero la amo con locura. Me da millones de besos y eso que  no es muy “besucona”. Pero siempre hay la excepción que confirma la regla. Y la excepción en su caso soy yo: su mami.

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Empieza  el ritual: preparar el capazo playero. En otra vida -cuando no era mami- mi equipaje consistía en un diminuto bikini, un pareo y  un monedero para visitar el chiringuito o algunas provisiones para pasar el día en una cala de ensueño, de esas imposibles de descubrir ahora, porque tienes que andar -por lo menos una hora en plan cabra montesa- por subidas y bajadas angostas; imposibles para la integridad física de ella y nuestro equilibrio mental. Ahora todo es diferente,muy diferente: voy  con el  bañador menos glamuroso y cómodo del armario y cargada como una mula. Y aún así siempre olvido algo. 

 

 

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Eso sí, cómo básicos imprescindible en un día de playa con ella no puede faltar: un agua bien fría, casi helada, la crema protectora -es tan blanquita cómo el papi- un barco pirata que tiene (a modo de cubo) una pala con su rastrillo, un molde de estrellitas y otro de tortugas. No llevo más artilugios. Paso. Y paso porque además cargo con los manguitos, las gafas de sol y buceo, la toalla y el pareo, su sombrero y el mío, un libro “Wonder” ( soy una ilusa por creer que podré leer estando con ella), algo para comer y mi aura de monje zen… Así cargada y sudando llegamos a la playa. Ella dando brincos yo medio asfixiada. Plantamos el campamento base y la embadurno de crema. Aún no ha penetrado ni una capa del bronceador que ya se ha tirado al agua y grita: – “Mami, venga ven. Está buenísima”-. 

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Y de repente ante mis ojos veo el preludio de esta gran tarde en remojo. Cómo garbanzos estaremos por lo menos tres horas hasta quedar blanditas y arrugadas. Echo una mirada a un lado y otro de la playa y veo:

– Un batallón de adolescentes sonrientes bañándose en el agua, jugando a voleibol, posando para un selfie en la toalla y hablando con quién quizás será su primer amor.

-Abuelos con sus sillas, su sandía, sus cartas y sus paseos por la orilla luciendo barrigas desvergonzadas, peinados imposibles y un moreno que me parece abusivo.

– Varios guiris luciendo quemaduras de segundo grado, colores estridentes y una sonrisa que hace que te caigan bien. Hasta qué van borrachos.

– Muchos padres y madres detrás de sus retoños rebozados en arena, nadando hasta quedar exhaustos, sonriendo por cada castillo, cada bomba, cada pino puente… Una y otra vez.

–  Y ella… Lucy Love. Mi sirena esperándome en el agua para disfrutar del aquí y ahora. Entro al mar. No es el Caribe pero me sienta como agua bendita.

Me abraza, cómo una lapa. Me besa y me besa y me besa y casi muero de puro amor. Se le escapa un grito de  felicidad. No necesito nada más. Bueno si, a Mr kitt par que sea perfecto, pero por suerte (para su paciencia) aún sigue trabajando.  Nos abrazamos en el churro rosa estridente  y nos dejamos llevar por las olitas. Cerramos los ojos le cuento la historia de Neptuno y las sirenas, buscamos piedras para su colección, jugamos con la pelota y hacemos castillos que destruye el agua y que no volverán; cómo esta tarde. Y, de repente, siento que nada más importa y qué todo pasa muy deprisa, que la vida es más dulce y divertida desde que está ella. Aunque muchas veces me desquicie. Así el amor verdadero. ¿No? Intenso…
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¿Verdad que son una delicia estas ilustraciones? Son simples, tan bonitas y llenas de color que quitan el sentido. Su autor es el francés Andrew Lyons un apasionado de los cómics de Tintín,  y eso se palpa en sus creaciones. Echarle un vistazo a su web que seguro os atrapa con sus mujeres voluptosas, de aire retro, delicado y muy libres.

 

 

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