Valeria

6 noviembre, 2015
by wonderblog

-“Maldita tú. Maldita seas por cargarte la relación”-. Y sin mirar atrás, se bajó del coche dejando un portazo, que aún resonaba fuerte y lejano en su conciencia; como un eco en el cielo. No era el primer adiós en su relación. Y esperaba que no fuese el último. O quizás sí. Tal vez era lo que anhelaba esa parte salvaje que gritaba desde su interior. Herida en exceso. A veces las broncas llegaban sin venir a cuento, sin buscarlas, ni preverlas. Como suele pasar con las puñaladas que nos regala la vida. Esas que aparecen cuándo menos te lo esperas. Un jueves, de madrugada mientras duermes y brilla una estrella infinita en el cielo. Valeria no entendía nada. -“¿Cómo habían acabado así?”- Parecía qué iba a ser una gran noche, acurrucados, solos. Sin compromisos, ni llamadas. Ni familia. Ni amigos. Solos. Él y ella. Pero faltaba el vino. Y algo de comer. Querían quedarse en la cama; para encontrarse, y besarse millones de veces. Como cuándo tenían veintitantos y se empezaron a querer. Entonces eran uno. Se encontraban siempre, ardientes en el día y en la noche. En cada sonrisa, en su pelo negro y salvaje, en sus manos fuertes, en los párpados y todos los lunares. Echaba de menos rozarse con esa piel que le transportaba más allá del tiempo, dónde sobran las palabras.. Ahora solo se buscan para discutir por cualquier cosa. La lista era larga y estúpida: el grifo que gotea, una nueva multa con recargo, la cesta de la ropa, la bombilla fundida… Y la culpa nunca era de nadie. Pero persistía la cólera en los dos. Y los enloquecía porque, en realidad, ambos sabían que no era ni por el exceso de trabajo, ni por las horas que le roban al sueño, ni por la operación inminente…. Ya no se soportaban. Y la pena les devoraba. Aunque de momento sus carnes resistían. A palabras terribles.

Ahora Valeria se mira en el pequeño espejo del retrovisor. Y casi no se reconoce de tanto observar su rostro encendido por la rabia. Parece una máscara de sombras y mentiras. Pronto cumplirá los cuarenta pero sus ojos siguen brillando como de niña: – “¿Cómo coño hemos llegado a odiarnos así?”-. Y mientras piensa en las horas infinitas que ha pasado en esos brazos que la acompañaban siempre; se pinta los labios con el deseo de sentir el calor de otros, desconocidos. – “No seas estúpida piensa en ti o te vas a volver loca”- y una lágrima asoma mientras sabe que él ya debe andar a kilómetros de distancia. Buscando otras curvas para perderse, en una nueva galaxia. Saciando su dolor en otras bocas. Vacías de recuerdos. Es difícil aceptar una derrota. Pero esa noche todo había sonado a despedida. No podía volver a esa casa. No quería derrumbarse en el colchón vacío. Esperando que volviera con los primeros rayos de luz, con su cuello oliendo a otros perfumes. Por eso -y sólo por eso- decidió entrar en aquel bar. Con la esperanza de no ser invisible. Sentada en la barra del bar, bebiéndose sus principios esperó que llegara el pecado en forma de cuerpo. Y un escalofrío renació en cada poro de su piel cuándo un hombre de cuarenta y pocos se acercó con una cerveza y una sonrisa que parecía demasiado sincera:

-Te he estado observado. Desde que entraste por la puerta, con la mirada perdida. ¿Te importa si me siento aquí a tu lado? Parece que no esperas a nadie. Y yo ando escaso de compañía.

Valeria frotó con suavidad la copa de vino, saboreando su sabor en el paladar. Deseaba salir corriendo pero una vocecita interior le susurraba que debía quedarse a hablar con el, que no perdía nada.Y así lo hizo.

– Adelante, no me importa. Pero, ¿tan desesperada parezco?

– No, no es eso. Es simplemente que en medio de toda esa gente parecías tan frágil y sola… Aunque quizás me equivoco y esperas a alguien… Probablemente a tu pareja. ¿Tienes pareja? Perdona la indiscreción…

– No tranquilo… No importa. La verdad es que sí tengo pareja. Bueno en realidad creo que lo hemos dejado. Hemos vuelto a discutir de nuevo. Es la única cosa que se nos da bien últimamente. Ya no nos sabemos querer. Y creo que esta vez va en serio… Se ha ido y no he ido a buscarle. Él tampoco me ha llamado.

– Somos expertos en arruinar nuestras vidas. Entregándonos al trabajo, a la pareja, a los amigos, a la familia… Y nos olvidamos de vivir nuestros sueños. Así que un día te despiertas y estás ahí, ante ti, sin saber cómo te has perdido… Y apareces en un bar y empiezas a hablar con un desconocido con más franqueza que la que te debes a ti mismo. Quizás piensas que soy un bicho raro. Y lo soy. Antes no era así. Pero me has conocido en un momento extraño de mi vida. Ahora no puedo dejar escapar ninguna oportunidad. No quiero mirar atrás y pensar que he perdido algo bueno. Una posibilidad. Un detalle.

-Te entiendo. Hoy ha sido como reencontrarme conmigo misma, con lo que he sido, con lo que soy y con lo que me gustaría llegar a ser. Y no he disfrutado con lo que he visto.. Pero es que no sé, nunca imaginé que acabaríamos así. Viviendo dos existencias paralelas. Siempre a la contra… Pero es curioso, quizás soy imbécil pero desearía pedirle al mundo un instante de tregua para los dos. Volver a abrazarle. Besarle hasta olvidar cada sabor agridulce…

-¿Y qué haces aquí? No seas gilipollas. Y perdona mi manera de hablar. Pero voy a serte sincero. Ahora que nos conocemos algo más; aunque seguimos siendo un misterio. Desearía besarte y follarte. Una y otra vez. Hasta que el insolente sol te descubriera realmente mi cara. Y vieras que no soy él.Y la culpa y la vergüenza te dijeran que es hora de huir. Pero entonces yo también habría vivido otro engaño. Una aventura divertida pero poco intensa. Supongo que es mejor que brindemos por vuestro amor imperfecto. Loco, ciego, salvaje y sin remedio. Pero capaz de hacerte sentir viva en este mundo gris y mecánico. Y que así, desaparezcas tan pronto como entraste de mi vida. Y yo te recuerde siempre quebrada y viva.

Valeria se despidió enseguida. No le preguntó su nombre, ni le pidió el teléfono. Pero guardó por siempre cada palabra en su memoria. Conducía deprisa. Quería llegar a casa y esperarle. Pero allí estaba él. Dormía arropado por las sábanas. Eran las cinco de la mañana y ella no quiso despertarle. Temía muchas cosas que contarle… Pero simplemente le abrazó. Y empezó soñar junto a él. Una nueva historia.

Ilustración by Mr Kitt

 

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