No quiero dejarte ir

De tanto correr el tiempo

temo que salgas un día volando muy lejos

y te escurras entre mis dedos,

para volar por siempre en las estrellas

donde mi imaginación te siente.

 Allí, lejos, buscando una nueva sensación que acariciar,

deambulando y arropado en el dolor de tus pecados,

flotando, maltratado calle arriba y calle abajo.

 

 

Hoy han vueltos las taquicardias,

me recuerdan que sigo teniendo miedo

como cuándo era niña y no quería perderte.

Cada vez que te ibas, cada vez que te ocultabas

en esos sueños locos y no podíamos pararte.

Ahora entiendo que necesitabas escapar

de este mundo que se empeña en herirnos,

a menudo por la espalda.

Te alejabas por un sendero, de una obsesión insistente.

 

 

Ahora temo olvidar tu voz, tus manos

y esos ojos que he querido y quiero tanto.

No quiero que te conviertas en  una sombra.

No quiero dejarte ir. No quiero.

Y me siento de nuevo incompleta,

vacía, con esa sensación de vértigo.

Los años siguen sin cerrar las heridas.

Si las tocas de nuevo sangran. Y duelen y manchan.

Ojalá pudiéramos pedir prestado un sólo momento para nosotros dos.

Alguien o algo nos debe una despedida.

¿Te imaginas? Yo si.

 

Sueño con poner de nuevo mis pies pequeños

encima de los tuyos, fríos y suaves.

Tararear juntos nuestra canción.

Y bailar, reír y llorar cómo locos insensatos.

Sabes que a pesar de todo siempre he querido ser cómo tu.

Pero a veces tengo la sensación que esa carga pesa demasiado.

Así que dejo que arda por dentro, cada recuerdo.

Para luego abrazarlos y no sentirme sola.

Mi querido hermano.

vortex15

Fotografías de Antoine D’Agata

 

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