Menos es más

10 enero, 2014
by wonderblog

Esta tarde me he dedicado a recoger los adornos de Navidad. Uno por uno, habitación tras habitación, hasta el próximo invierno. También nuestro árbol, con su estrella, las luces de colores, las bolas rojas y los muñequitos de madera. He sonreído al pensar que ahí se queda encerrado el espíritu de navidad: esperando a ser redescubierto, una vez más, para envolver nuestro corazón de magia, amor y nervios. Pues bien, mientras ponía orden no me quitaba de la cabeza una idea, que me ronda desde hace días, y que me apetece explicar. Pero primero quiero dejar claro que soy fan, muy fan, de esta época del año que acabamos de despedir; algunos con muchas, muchas,más ganas que otros.

Me apasiona la Navidad. Cómo a los niños. Y ahora con Lucy Love en casa, la ilusión se desborda. Me encanta porque todo desprende otra luz. Otra energía. Pasear por las calles con esa sensación de sentirte invadido por árboles luminosos, y adornos para todos los gustos. Estar en familia, en esas comidas que se prolongan y parecen no tener fin, cómo si nadie quisiera levantarse de esa mesa preparada con tanto cariño y dedicación. Me fascina que la gente espere un detalle llegado desde  tan lejos, da igual si viene del Polo Norte o de Oriente. Pensado con acierto  y envuelto con esmero. Vale, es verdad no siempre, también se equivocan aunque son mágicos. Y así podría seguir con mil ejemplos más. Pero… ¿Por qué siempre hay un “pero”? La Navidad cada vez se me antoja más consumista. Da igual que estemos en crisis. Nos gastamos una fortuna. Cada uno dentro de sus posibilidades. Pero parece que cuesta ser responsables. Toca comprar comida, comprar bebidas, comprar regalos, comprar lotería, comprar ropa, comprar adornos y comprar juguetes. Y eso es lo que más me molesta. Me explico: me he dado cuenta que mi hija tiene muchos trastos, demasiados. Gracias ,eso sí, a la generosidad del Tió de Nadal, Los Reyes Magos, Papá Noel y también de la familia. El 28 de diciembre es el cumpleaños de la princesa y por eso acaba acumulando de todo y para todos los gustos, en muy poco tiempo. Así que por mucho que intentamos gestionar el tema de los regalos es imposible. Somos tantos: la bisabuela, la tia bisabuela, los abuelos, los yayos, los tios, las tias, las primas, los primos, los amigos, los padres de los amigos…Parecemos sacados de una película de Berlanga. Y a mi me cuesta decirles que  “No” , que ya basta. Lo insunuamos. Quizás sin sonar muy convincentes pero es que TODO el mundo quiere darle algo bonito y especial a la niña de mis ojos. Así que intentamos controlar las ganas y sumar esfuerzos. Colaborar con un gran regalo. Por ejemplo el año pasado le pedimos a Papa Noel una cocinita de madera, tan bonita que de sus fogones sólo salen cosas riquísimas. Y este año la idea era hacer parecido: le encargamos a los Tres Reyes Magos de Oriente una camita capaz de llevar a Lucy Love al país de los sueños. Pues desde aquí lo  confieso: hasta ahora dormía con nosotros. Y lo digo en pretérito perfecto porque desde hace 4 noches Mr kitt y yo volvemos a retozar juntos. Al menos unas horas, un ratete. Gracias a Baltasar, Gaspar y Melchor. Luego de madrugada Lucy vuelve, en busca de nuestro calorcito. Y nosotros encantados de darle unos buenos achuchones. Pero por lo menos descansamos, sin patadas, a nuestras anchas, y no acorralados en un rincón. Otro día ya os hablaré sobre los millones de pros que conlleva practicar el colecho -para mi- y también de alguna que otra pega que ahora casi ni recuerdo. Mr kitt ,amor, si me lees, que sepas que siempre puedes replicar mis textos. Aprovecho para darte las gracias por esas noches -han sido unas cuántas- que al final te quedabas durmiendo en el sofá (solito con tu play) para que tus leonas pudieran rugir a pleno pulmón y con la boca abierta…

Resumiendo: aunque la idea era hacer un regalo conjunto y poca cosa más acabamos liándola parda. De nuevo.  Y ya sé que la princesa es muy buena, que nos quiere mucho, y que se merece todo y más… Pero es que ahora tenemos cosas que ni había pedido en la carta. Detallo los bienes: dos muñecas nuevas. Las ha bautizado como a las que ya vivían en casa.Todas se llaman Carla, cómo su mejor amiga. Además de las dos peponas también ha conseguido una moto verde con claxón, una bici rosa tuneada por ella y Mr Kitt, un par de cuentos de final feliz  -que ya hemos leído unas 60 veces –, una linterna mágica, un puzzle de la Caperucita Roja, un perro que anda sólo cuándo Lucy quiere, y un dinosaurio que habla. Y paro porque me da vergüenza seguir. Y más con los tiempos que corren. Así que por eso estoy preocupada. Tengo claro que estos días me tocará hacer “limpieza” y regalar algunos juguetes y esconder otros para que, dentro de unos meses los descubra, los explore, los disfrute. De verdad y con ganas. Pero aún así, siguen sobrando.

Y por eso, esta reflexión que me atormenta, me inquieta y necesito compartirla. No sólo aquí. También lo hablo con la familia, en el trabajo, con las amigas, y con las otras madres en el parque. Y todos pensamos lo mismo. Nos pasamos. Tres pueblos. Y entonces pienso: -¿Estamos cosechando futuros consumidores? ¿Por qué los bombardeamos con tantos regalos? No los necesitan. Después de ver la bici rosa en el árbol de Navidad y dar un paseo por la calle le dije a Lucy que en casa de los abuelos había más regalos. ¿Sabéis que me dijo?-“Ya no necesito nada más mami”-. Aún así se lo dimos. La inundamos. Hasta aturdirla. Creo que ni sabe lo que tiene. Y me pregunto: qué tiene todo esto de educativo y de sensato. Por eso escribo hoy. Quiero hacer un llamamiento. Unamos fuerzas para pedirle a esos seres mágicos que nos visitan por Navidad que enseñen a nuestros niños que no se puede tener todo. Que las cosas cuestan y merecen un esfuerzo. Que no pasa nada si los regalos acaban siendo cuatro. Que lo importante es saber cuáles son los que le hacen de verdad ilusión. Y que esos no falten. Qué tanto exceso al final produce aburrimiento que menos, es más.  Además, lo mejor de todo es que nuestros pequeños nos dan lecciones. Entre tantos jugetes al final acaban jugando con el papel, con la bolsa o el cartón que los envuelve. Con una simple etiqueta. Y nos demuestran lo imbéciles que somos.  Y como lo complicamos TODO.

 

 

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1 comment

  1. Raquel Díaz
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    Gran verdad, el otro día lo hablaba con Carlos este consumismo inculcado desde tan pequeños no puede ser bueno.. En
    stra época no existia el Sr. Santa Claus, y no me gustaría hacerlo a Valeria… Sólo Reyes. Con sus 2 meses de vida entre unos y otros hemos llenado la habitación de muñecos y juguetes a Valeria, gracias … Pero yo creo que no cal…

    En fin al menos dará para inculcar algún valor positivo, donaremos algun juguete cada año a los niños más necesitados.

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