Lost

25 marzo, 2013
by wonderblog

Me encanta el verbo viajar en todas sus conjugaciones. Pero hoy es lunes y voy en tren hacia la redacción que funciona a medio gas, a las siete de la mañana de un otoño cualquiera. Antes de llegar saco lápiz y papel. Observo a la gente. Me divierten sus caras somnolientas. Como velas consumidas. Grises. Aburridas. Deberíamos sonreír por seguir siendo hormiguitas. Por poder llevar algo a casa, a final de mes. Pero nos inquieta no saber si será nuestro último día en la colmena. O de qué humor estará la reina. Algunos ojean el diario. Ocultos con medias verdades. Titulares que de mano en mano van, como la falsa moneda… Miro por la ventana. Raíles que se expanden. Vienen y van. Algunas farolas apagadas, otras siguen encendidas. Quizá por eso la luna permanece en el cielo, no se quiere ir, todavía… Un poco más lejos, el nudo de la Trinidad. Los coches parecen de juguete. Pero en este scalextric apenas se mueven. Como pegados al asfalto. Me alegro de estar aquí, sentada. Tranquila. Sin que las retenciones me alteren … En el ipood suena “Street Spirit” de Radiohead. Cierro los ojos. La echo de menos. Tanto que tengo ganas de llorar. Pero no sale nada. Sólo tristeza. Comounalosa. Y muy a mi pesar, pesa. Demasiado. Pienso en The Tree of life, de Terrence Malick. La vimos ayer por la tarde. Recuerdo a la madre preguntando a un Dios que no quiere oír “¿Me estás escuchando? –justo antes de la secuencia de la creación- . Y pienso que a mi también me ignora. Debe ser sordo. O simplemente no quiere oir. No puedo quejarme, tampoco nunca le hablo. A veces desearía tener fe. Quizá así sería más fácil. Y no este vacío. Como un agujero negro.Quemecome por dentro. Entonces me esfuerzo por ver su sonrisa. Me da pánico olvidarla. Vivir de recuerdos. Abro los ojos. Me quedan dos paradas y ya llego. Aún me acompañan los espectros. Qué estarán pensando. Busco un sonrisa amiga. Un empujón para adentrarme en mi rutina. Pero sólo encuentro miradas furtivas. Suena un smartphone. Y pienso que incluso puede que sea uno de mis amigos. Uno de los “300” que tengo en el caralibro. Quizá alguien que dentro de un rato, en la oficina, acabe leyendo este post. Puede que seas tú. Y sin embargo ahora que necesito un abrazo no me atrevo a pedirlo. Mi vergüenza limita mi locura. Prefiero ponerme una máscara para esconder mi propio infierno. Para pasar por tu vida como un rayo y que, a ser posible, no te ilumine demasiado.

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