Lactancia infinita

12 noviembre, 2015
by wonderblog

Aún recuerdo la primera vez que asistí a un grupo de apoyo a la lactancia. Me quedé alucinada sólo entrar por la puerta: había unas quince madres “sacando pecho”, con tanta naturalidad que me parecía hasta raro. No se conocían pero -sentadas en circulo- compartían intimidades. Eran como una tribu. En aquella época yo llevaba una enorme “L” enganchada en mi espalda. Se intuía a kilómetros de distancia: era joven, inexperta, padecía mucho insomnio y además un dolor insoportable de espalda por llevar siempre a Lucy Love cargada a cuestas. Lo reconozco -como me descubrió mi querida amiga Mari Àngels- pertenezco (igual que ella) al club de las mamis flojas, pero vaya que muy, muy floja. Siempre dispuesta a dar las dos manos cuándo Lucy Love  me pide brazos o se le escapa un “ay” por la boca. Claro que  ahora esto pasa sólo muy de tanto en tanto; por ejemplo cuándo se hace daño, tiene sueño o me extraña mucho. Con esto quiero aclarar que ya no vamos todo el día pegadas cómo si ella fuera mi “monkiki”. Pero antes, sí. A todas horas y en todas partes. Porteando y mamando. Así que si yo andaba, ella comía; si yo iba al lavabo, ella comía; si yo leía, ella comía; si recibía visitas, ella seguía comiendo, si íbamos al supermercado… ¡Exacto, ella seguía comiendo!

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“Tu dale teta siempre que quiera. Pecho a demanda”- esas fueron las palabras de nuestra peculiar comadrona en un hospital de Barcelona y creo que Lucy Love se tomó “muy a pecho” las palabras de aquella alegre señora de bata blanca; pues desde que abrió sus ojos para ver la luz fluorescente de aquella gélida sala, sus manitas y su boquita buscaron mi piel y mis pechos para encontrar alimento y calor. Enseguida subió de peso hasta convertirse en nuestro pequeño Buda: siempre atenta y feliz.

Mientras tanto, todo el mundo me preguntaba o cuestionaba si lo estaba haciendo bien, dando tanta teta. Eran comentarios tipo: -“ Deja de darle pecho un rato para que tus pechos descansen”, “no puede ser que tenga hambre otra vez ”, “¿y agua no le das?” “deberías ponerle un chupete, eso la calmará”-. Y yo no tenía ni idea. Bueno, mi instinto me decía que debía hacerlo así. Y como Mr Kitt me apoyaba, me mantenía firme, pero no del todo segura. Además, en mi entorno de confianza no había nadie que pudiera asesorarme y tranquilizarme. Mis amigas no tenían hijos -ni ganas- mis cuñadas y mi suegra habían dado siempre biberón -eran otros tiempos y otras maneras de hacer- y mi madre nos había dado teta a todos hasta cumplir el año pero, de todo eso, hacía mucho, mucho tiempo. Así que un día me planté cargada con mi “cachorra”, todos mis miedos y preguntas en un grupo pro lactancia. No era la única floja, ni la única que no dormía, ni la única que tenía dudas. Eso sí, mi caso era bastante excepcional: me preocupaba estar “sobrealimentando a mi hija”. Una idea que supongo que de tanto oírla fui creyendo propia. Evidentemente era absurda e irracional. Mi hija comía, crecía, dormía y era feliz. ¿Dónde veía un problema?

En cambio había otras mamás tozudas que se empeñaban en dar teta a sus hijos -a pesar de los dolores, de sufrir mastitis, de grietas insoportables y otras complicaciones- había mamás preocupadas por la vuelta al trabajo, mamás que querían comenzar a introducir otros alimentos, mamas que practicaban el colecho y bla, bla, bla.

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La verdad es que esa fue la primera de las muchas visitas que hice a ese grupo. Durante dos años fuimos regularmente y siempre me sentí arropada. De hecho conservo dos grandes amigas que se han vuelto imprescindibles en mi vida. Y guardo el cariño de otras muchas. En fin, que si estáis dando pecho os recomiendo mucho ir a uno de estos grupos. Allí nadie os va a cuestionar. Y por supuesto hablar con otras lobas os ayudará a sentiros menos locas, menos inseguras, menos raras.

Lucy va a cumplir 5 años y atención sigue tomando pecho. Y no soy un bicho raro, aunque a veces esta sociedad me hace sentir algo culpable por los prejuicios que hay al respecto. Por la poca empatía y porque todo el mundo tiene algo qué decir al respecto. Como si fueran psicólogos: – “Le vas a dar el pecho hasta que cumpla 18 años?, “La vas a traumatizar”-. Pues mira aún no sé cuándo va a dejar de tomar teta. No hemos sido capaces de destetarnos aún. Y debo reconocer que ha habido momentos de cansancio, de agobio, de superación, de crisis… Desde hace un año Lucy Love sólo toma pecho para dormir y alguna vez al despertar. Es nuestro momento mágico y especial. ¿Y por qué seguimos? Pues porque nos gusta a las dos, porque no existe ningún estudio que demuestre que puede causarle un daño psicológico, ni de ningún tipo. Ah y cuándo está malita y pierde el apetito le lactancia le sigue nutriendo y le aporta todo mi amor. En fin, es una opción. La nuestra. Cada familia tiene la suya. Deberíamos respetarlas todas.

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Estas fotografías preciosas que he utilizado para ilustrar nuestra experiencia son obra del fotógrafo Gavi Riva  (Madrid, 1970) cuyo trabajo gira entorno a la maternidad y el embarazo. Dos etapas que deberían ser vistas siempre con naturalidad, sin prejuicios. Copio el texto que ha colgado en su web y des de aquí le agradezco a él y a todas las madres valientes que se han prestado a ser retratadas y que luchan contra el estigma y la charlatanearía barata que seguro han de soportar a diario.

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“Exposición Lactancia Infinita”

La OMS recomienda mantener la lactancia hasta, al menos, los dos años. Una recomendación de una autoridad sanitaria que unas veces se les da una difusión mediática increíble y que otras veces se diluyen. Más allá de lo que dice la OMS, mantener la lactancia después de los dos años, o incluso después de los seis meses, es una lucha constante contra el bombardeo de opiniones gratuitas, de creencias infundadas y de juicios a ciegas. Es una lucha contra una sociedad que facilita todo lo posible para que ocurra lo contrario, que normaliza no seguir un proceso natural. Para mí, respetar la lactancia no es marcar tiempos ni periodos, es respetar las necesidades de la madre y del niño en conjunto y sin separarlas. El propósito de esta serie de imágenes es decir que existe, que es natural y que así lo viven quienes lo practican, no pretende separar, marcar o apartar a nadie, sino todo lo contrario, integrar a todos.

Mi fotografía trata sobre la maternidad, al menos mis raíces son esas. Comencé a entender la fotografía de una forma profesional con el nacimiento de mi segundo hijo y desde entonces no puedo separarme de fotografiar embarazos, recién nacidos, bebés o familias.  Aunque no siempre lo muestro en los medios, es facil encontrar en mis sesiones alguna fotografía de una madre dando el pecho, si es una situación natural para ella. Y mi fotografía va de eso, de naturaleza y de naturalidad. Una experiencia maravillosa.

Aquí tenéis parte de la exposición que hasta el día 22 Noviembre estará colgada de las paredes del centro de Las Artes de Arroyomolinos.  14 madres con sus hijos de más de dos años mamando en actitudes cotidianas. Una iniciativa de JUNTITOS Y REVUELTOS  y llevada a la práctica por mi cámara.

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