Disfraces DIY con mucho mimo

29 enero, 2013
by wonderblog
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Empieza la cuenta atrás. Falta nada para Carnaval. Y empiezo a estar de los nervios. Estos días no paro de mirar blogs y webs para encontrar ideas. Me fascina la imaginación y la generosidad que tienen algunos por compartir su tiempo y conocimiento. La gente tiene mucho arte…Y para muestra, un botón.

Pues eso, que me encanta disfrazarme. Bien lo saben, aquellos que me conocen.Me encanta buscar, pensar y hacerme los trajes. Y que conste que no sé coser. Pero le pongo ganas e ingenio. Además siempre encuentro a alguien que me ayuda a conseguir el reto. Me gusta tanto ser otra persona, por un momento, que incluso el día de mi boda intenté que todos fuéramos disfrazados. Al final descarté la idea porque era consciente que hay gente que lo pasa fatal si se tiene que poner una peluca o un traje estridente… Pero llené un baúl con pelucas y complementos y todos acabaron haciéndose fotos con unas pintas espectaculares… Muy divertido, la verdad.

Bueno, pues yo no tengo ni vergüenza, ni sentido del ridículo. Al contrario, se podría decir que me encanta dar la nota. Y sino que le pregunten a mi sobrino mayor. Cada Carnaval, para su desgracia, iba a buscarle al colegio disfrazada y súper puesta en el papel. Sus hermanos disfrutaban de mi espectáculo pero a él le daba bastante apuro, pobre… Aunque con los años acabó hasta disfrutando de la tradición y uniéndose a ella.

Espero que a Lucy no le importe y podamos compartir esta afición. De momento, “aprovecho” que aún no puede verbalizar su queja. Recuerdo el año pasado: kitt y yo disfrazados del grupo Kiss y ella de caperucita roja. El traje lo hizo a mano su bisabuela, Maruchi, con noventa años. Lo pienso conservar como un tesoro. Nuestra valquiria ni se inmutó al vernos con la cara pintada y enfundados en esos trajes y pelucas. Y era todo un espectáculo verme dándole teta de esa guisa.

 

 

Con mis amigas hemos sido asiduas a los Carnavales de Cadíz. Cita que altamente recomiendo. Un año fuimos todo el grupo disfrazadas de ninfas. Pretendíamos pasar por el detector de metales con nuestras alas. Sólo en ese momento – y por la insistencia de los empleados de seguridad- nos las quitamos. Después fueron parte de todas nosotras. Y lo serán por siempre jamás.

Tengo suerte de que mis amigos están dispuestos a ponerse las pelucas en cualquier momento. En una comida. Una tarde de verano. Una noche sin venir a cuento…


Pero cuando llega Carnaval encima se convierte en un desafío. Siempre proponemos una temática y después cada uno guarda en secreto los detalles de su caracterización. ¡Es tan divertido! Si alguno me está leyendo que no piense que voy a desvelar de que iremos este año… Sobretodo porque aún no lo sé. Eso sí, me he puesto las pilas porque no quiero que me pase como el año pasado que estuvimos pegando bolas de algodón al traje de oveja hasta la tantas de la madrugada. Aunque valió la pena. Sobretodo ver a Lucy Love. Daban ganas de abrazarla aún más. Estaba tan esponjosa, suave y blanquita. Y ella iba encantada con sus orejitas, su colita y su traje. Supongo que acertamos con su disfraz porque iba calentita, cómoda y además vestida igual que su mamá y su tito Moyano. Mis amigos se convirtieron por un día en un bestiario alocado, en un corral confortable.

Y con estas fotografías me despido. No sé si os he dado alguna idea. Yo empiezo a tenerlo claro: será algo sencillo, asequible y cómodo. Dulces sueños. Y mejores despertares.



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