¿Cuánto falta?

10 agosto, 2015
by wonderblog

“Papi, mami tengo un mensaje de Guillem”– y nos mira con esos ojitos que brillan cómo estrellas mientras agarra con su manita un pequeño teléfono de plástico color rosa intenso. Últimamente le acompaña a todas sus excursiones: cuándo va a casa de los abuelos, al parque, o a la bañera; cómo ahora que estamos a punto de ducharnos los tres juntos para ahorrar tiempo, pues se nos ha echado la mañana encima, sin saber muy bien cómo…  –“¿Y qué dice en el mensaje?”– le pregunta muy curioso Mr Kitt. –“Pues que  nos invita a ir un concierto de rock. Pero sólo pueden ir los papis, los primos y los niños. Ni los tíos, ni los abuelos, ni los profes. Es a las seis en punto y le he dicho que vamos. ¿Vamos a ir verdad?”– sonríe y nos contagia. -“Por supuesto que vamos. Ya sabes que nos encanta el rock”-. Y mucho más su imaginación,evidentemente… Empezamos a cantar y berrear a pleno pulmón los tres, tenores. La verdad, es que cuándo estamos en casa Lucy no protesta con nuestras preferencias musicales: metal, rock n’roll, pop, electro, blues, jazz, thrash, indie, funk, flamenco… “Se traga” lo que le echen sus papis.  Y la verdad es que le encanta descubrir artistas y estilos musicales y, sobretodo, reproducir coreografias imposibles.Es tan divertido cuándo bailamos en plan exagerado. Incluso descoordinados. Esparramados por el suelo y también saltando en el sofá o bailando debajo de las sabanas. Por ejemplo cuándo suena “Ways to go” de Grouplove. Una canción genial que nos dice que la alegría es cosa nuestra. Da igual dónde estemos. Incluso en una Corea del Norte bastante utópica.

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Claro que una cosa es bailar y cantar en casa, delante del ordenador o el televisor con total libertad de movimiento a escuchar cualquier tema en el coche, atados y casi inmovilizados. En territorio comanche la que manda, siempre es ella. Bueno, en realidad porque dejo que así sea. –“Eres muy floja, Petita”- suele decirme Mr Kitt. Pero es que no quiero discutir mientras conduzco y ella no para de preguntar:

-“¿Cuánto falta? ¿Ya llegamos? ¿Por qué vamos tan despacio? ¡!Tengo sed! ¡Pero a mi me gusta el agua muy fresquita! Mami, ¿puedo bajar la ventanilla? ¿Paramos para hacer un pis? ¡Pero es que no aguanto más! Pon otra canción “la de Mica, la viajera”¡Tengo  hambre y me duele la barriga!  ¿Por qué no va Youtube? ¡Pero yo quiero ver un capítulo de Pepa Pig! ¿Papi, cuánto falta? ¿Todavía? “-. Da igual si son  diez minutos o una hora. Ella se desespera y nos tortura lentamente con su impaciencia. Normal, a mi también me agobian los trayectos muy, muy largos. La suerte es que, habitualmente, cuándo lleva un ratito en el coche, el ronroneo del motor le produce una mágica y extraña somnolencia.  Es casi de repente. Puede estar dando brincos cantando cómo una poseída algún hit de Frozen, del Club Súper 3, o los payasos de la tele que- en un visto y no visto- no hay niña. Miro por el retrovisor y empiezo a ver cómo su carita se esparce por la sillita, se ladea ligeramente hacia la derecha, por el peso y la inercia y va cayendo rendida. La expresión es de mal humor – y es no quiere perderse nada y hace esfuerzos titánicos para no dormir- pero poco a poco sus ojitos rasgados caen y pierden esta batalla. Ahora por fin podemos poner nuestra banda sonora. Creo que si llega a sonar otra vez esa canción que nos “desea los buenos días” me hubiera entrado un ataque de pánico o un parpadeo insistente e incontrolable en el ojo izquierdo. Pero no, por suerte se ha dormido. Seguimos en ruta. Y ya poco importa cuánto falta. Subo el volumen y tengo esa sensación de poder recorrer el mundo con ellos dos. Sólo para un poco para estirar las piernas y bailar. Por ejemplo este temazo “Come Back To me” de HollySiz.

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